Religión Futbolera - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Religión Futbolera

Son millonarios, famosos y admirados. Pero para ellos, primero está la religión. Y hay casos increíbles, como el del delantero Kezman, que no ve la hora de retirarse para pasar sus días en un austero monasterio.

Su religión no pasa sólo por la pelota. Ellos, jugadores de elite, millonarios y reconocidos, llevan _a sol y sombra_ la fe debajo del brazo. Sienten que un "poder divino", en mayor o menor medida, los puso donde están, en el centro de la escena, para multiplicar un mensaje de paz y amor.

En algunos casos, son adorados por millones como el fantástico Kaká, quien después de marcar un gol salió a festejarlo con sus brazos extendidos en cruz y mostró ante las cámaras una camiseta blanca en la que se leía: "I belong to Jesus" («Pertenezco a Jesús»). La FIFA, siempre política, tuvo que salir a decir que este tipo de manifestaciones deben seguir siendo cuestiones personales. "Lo que para unos es valioso y sagrado, para otros es una provocación", afirmó Andreas Herren, el vocero del máximo organismo mundial de fútbol.

Los ejemplos se apilan en cada rincón del planeta. Zé Roberto, otro brasileño que hace gala de su buen pie, supo brillar jugando para el seleccionado de su país y también en varios clubes europeos. Hoy, a los 34 años, se gana bien, muy bien, la vida en el Bayern Munich. Pero tiene la cabeza en otro lado, confesó. Quiere ser pastor, predicar La Biblia en pueblitos pobres y entregarse al servicio divino. "Sería una realización plena. Esto es importante para mí y me hace feliz trabajar con gente necesitada. Lo mío es ayudar. Para ello habrá que prepararse. Y será necesario estudiar cuatro años de teología".

Mateja Kezman, el implacable goleador serbio, va más allá. Se imagina, en un futuro no tan lejano, como un "monje de vida austera". Un detalle que pinta cuál es la realidad económica de este muchacho: en 2006, el Fenerbahce de Turquía pagó por su pase al Atlético de Madrid la friolera de 15 millones de euros. "Antes, visitando monasterios, sentía pena por sus habitantes, pero ahora les envidio su estilo de vida. Es lo máximo del servicio al Señor. Es muy difícil vivir en este mundo y respetar todos los mandamientos de Dios", recita convencido.

Argentina no es ajena a este fenómeno. Lentamente se va instalando la concepción de "creencia" no únicamente futbolera. Allá lejos, en 1994, un simpático número 10 de San Lorenzo, Paulo Silas, internaba a sus compañeros con palabras como "señor" o "fe", que había conocido años atrás en su país, Brasil. "Me invitaron a una reunión de un grupo que se llamaba Atletas de Cristo y a partir de ahí entendí que ese era mi lugar. Porque la palabra de Dios me mantendría lejos de lo perjudicial: de la soberbia, de la droga, de meter me con distintas mujeres o embarazar chicas", recuerda. Conclusión: llegó a Argentina y creó la versión local de Atletas de Cristo, donde hoy cada vez más futbolistas -Falcao, entre ellos- se reúnen para compartir mucho más que hacerse a las apuradas la señal de la cruz antes de salir a la cancha.

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