Amor tántrico - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Amor tántrico

Uno de sus principios reza que el hombre no eyacule o por lo menos no lo haga hasta después de 10 o 15 actos. Cómo? Acá lo explicamos.

Si bien mucho se habla sobre él, es bastante ignoto lo que se sabe. El tantra, es una de las tres escuelas del hinduismo -las otras son el shivaísmo y el vaishnavismo- que nació allá por el siglo 6 A.C. Es una doctrina basada en la fuerza creadora del ser humano y su búsqueda hacia la iluminación.

Según los especialistas, una de las principales diferencias entre el sexo tradicional y el tántrico, es que mientras en el primero la pasión se agota con el tiempo, en el otro, el deseo se intensifica con el paso de los años.

Cuál es la clave?

Según la psicóloga Diana Henao, el secreto está en la expansión de los sentidos. "No es una religión ni un dogma, sino una actitud que surge de la meditación aplicando el concepto no mente-no tiempo, cómo vía de acceso", explica.

En un encuentro tántrico, se considera importante que el hombre no eyacule, ya que la energía que se libera en ese acto sería hacia fuera –o sea, una pérdida-. Si no lo hace, esa misma energía podría usarse transformada para que ascienda y active los siete chakras de la conciencia. Por ser capaz de retener el semen, el hombre puede conseguir múltiples orgasmos, al mismo tiempo.

Cabe aclarar que el tantra no usa el sexo como descarga sino como un intercambio de energías tanto masculina como femenina.

La licenciada lo define como la meditación y el amor a través del sexo. "Va mucho más allá de una técnica porque es allí donde nos entregamos sin la urgencia de un orgasmo" dice, y agrega que "se trata de encontrarnos frente al otro como un espejo de nuestro interior, es la unión del amante externo quien se acerca a nuestro amante interno. Por eso, no se mendiga el sentimiento del otro, sino que se comparte".

Según dicen quienes lo han practicado, es una experiencia increíble, donde se observa a la pareja más allá del sexo o la penetración. Es una reflexión del amor y del cuerpo donde se puede meditar, observar. Es un juego de olores, sabores y sonidos.

Claro que cualquiera no puede practicarlo de un momento a otro. "Primero debe haber un trabajo de meditación, reconociendo y observando la divinidad de cada uno en silencio, tocarnos con gusto, disfrutar mirarnos y olernos. Permitir que el otro entre a nuestro centro y mostrar nuestra vulnerabilidad para así, entendernos mutuamente", concluye Henao.

Creés que en tiempos de crisis y cultura fast food, esta práctica podría ser un cambio de base en nuestras vidas? Te animarías a intentarlo?



Fuente consultada: Revista Fucsia.com

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