El reducto de los mediáticos - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

El reducto de los mediáticos

Adivina adivinador: mide menos que el más bajito de Los Grosos; es más detestado que Nadia Epstein en Gran Hermano 2007; y tiene más mediáticos por minuto que Intrusos en el espectáculo y Los profesionales de siempre juntos ¿Qué es? La respuesta... Infama.

El ciclo que conduce Santiago del Moro en América nació bajo la premisa de mostrar el costado más humano de la farándula. El problema es que el costado humano de los famosos es más aburrido que un campeonato de "ludo matic" en Canal 7. Creado a imagen y semejanza de los grandes ciclos de la TV norteamericana, Infama pretendió incomodar a los que son considerados estrellas en nuestro país. Es más, en el gran país del norte, el oficio del Paparazzi es detestado por la mayoría de las mega estrellas. Llamados terroristas con cámaras de foto, son capaces de vender el alma de su primogénito al diablo con tal de tener una instantánea de algún famoso pasando vergüenza. Pero acá, en Argentina, los famosos pasan vergüenza de manera gratuita en el prime time de Canal 13 y Telefe o durante las tardes de Canal 9 y América.

Entonces ¿Quiénes son los que más se beneficiaron con este formato que ni siquiera tiene un horario fijo (ya que comienza cuando el noticiero se queda sin noticias y termina cuando RSM tiene ganas de comenzar)? La respuesta también es fácil: los mediáticos. Esta raza que desea más un segundo de pantalla que la paz mundial encontró en este programa un nuevo reducto para seguir vigentes.

Inclusive la naturaleza misma quedó bastardeada con la intromisión de los "inútiles de la tele", ya que son ellos mismos los que envían videos grabados con celulares de sus vidas privadas. En Infama pusieron en pantalla imágenes que mostraban a La Tota Santillán tomando unas copas con Gustavo Conti, a Fernanda Vives molestando a un ganso o a las que se desnudan en el restó de Moria por unos morlacos. Todo este material no fue grabado por algún paparazzi despiadado sino por los mismos protagonistas de los videos, que por un minuto más de fama venden sin pudor el único espacio que conservaban para ellos mismos; o sea su vida privada.

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