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Sin dejar rastros

Nadie sabe nada sobre Flor Penacchi, Marita Verón y Fernanda Aguirre, tres casos emblemáticos que implican a redes de explotación sexual. Pero todos los días hay nuevas denuncias de chicas perdidas.

Un promedio de entre tres y cuatro denuncias diarias sobre chicos y chicas perdidos son las que recibe Missing Children en su línea de atención telefónica. La mayoría de las víctimas (ya sea perdidas, desaparecidas o raptadas) son mujeres. Muchas veces, por la dilación en las investigaciones y como consuelo para las familias, los casos terminan decantando en la presunción o certeza de que estas chicas, adolescentes o mujeres fueron víctimas de redes de explotación sexual, de tráfico y trata de personas. Ese es, por ejemplo, el caso de Florencia Penacchi.

La joven tenía 24 años cuando desapareció, en marzo de 2005. Las hipótesis son varias, se siguieron infinidad de pistas, pero la realidad es que Florencia nunca fue hallada. El de esta chica neuquina es uno de los más emblemáticos, junto a los de Marita Verón y Fernanda Aguirre. La primera de ellas desapareció en Tucumán, en abril de 2002. La segunda en Entre Ríos, en julio de 2004. Las cifras alarman. Una nota publicada por Clarín en junio de 2008, indicaba que hasta entonces y desde enero de 2007, 550 mujeres de entre 13 y 24 años habían desaparecido como víctimas de redes de explotación sexual (ver "Cifras que alarman") ¿Qué pasó con Florencia?

Ella había invitado a los compañeros de trabajo a comer pizza a su casa de Palermo, donde vivía con su hermano Pedro. Los invitados se fueron a las dos de las mañana. Poco después de las cuatro, según la Policía, Florencia llamó a un delivery y pidió un par de latas de cerveza. Cerca de las cinco, un joven entregó el pedido, pero Florencia, en lugar de volver al departamento, salió caminando por Güemes. Ya nadie volvió a verla. Lo último que se sabe es que envió tres mensajes de texto. Cerca del mediodía llamó a su jefe diciendo que no se sentía bien y a su hermano para saber si había mensajes para ella. La desaparición de Florencia es una incógnita.

"En este caso todo es posible. La seguimos buscando, no descartamos nada. Tenemos historias de gente que encontramos después de muchos años, por eso la esperanza está intacta", dijo Juan Carr, de Red Solidaria. El alerta está puesto sobre la existencia y la expansión de las redes de trata de personas y esclavitud sexual. "Es una línea probable y en ese sentido aparecieron algunas puntas, pero todo eso está muy en pañales", dijo Pedro Penacchi. Una de las preguntas que surge es, ¿cómo captan las redes a sus víctimas?

Los castings, promesas de sueldos altos y los fotologs funcionan como anzuelos. Las ONG recomiendan verificar el origen de las ofertas laborales tentadoras. "Si ofrecen un trabajo fuera de su entorno y no le dan información suficiente, que los familiares puedan comprobar, ante la menor duda, que no vaya", recalcó Fabiana Tuñez, de La Casa del Encuentro. Otros anzuelos son los pedidos de promotoras o modelaje. Internet, a través de fotologs y salas de chat, también puede ser una trampa peligrosa. Lidia Grichener, de Missing Children, advirtió: "Lo que se cuelga en Internet no se saca fácilmente. El riesgo máximo es arreglar un encuentro con alguien a quien se conoció por chat".

El último caso difundido es el de Johana Escobar, aunque no es el último y tampoco está determinado que haya sido raptada. La nena, de 12 años, desapareció el 16 de julio mientras esperaba el 42 en avenida Centenera y Cruz, en Pompeya. Estaba con uno de sus hermanos. El se tomó un colectivo primero. "Había mucha gente a esa hora, pero aún así no sabemos nada –relató Isabel Gainza, su madre-. Hay pistas fuertes, pero seguimos haciendo cosas como para, por ejemplo, asegurarnos de que no pase o haya pasado a países limítrofes". En el marco de la causa se realizó al menos un allanamiento en un taller textil, pero no se encontró nada.

Johana cursa en la Escuela Normal 4 de Caballito. El día que desapareció, el dueño del quiosco de diarios frente a la parada declaró haberla visto cruzar dos veces la calle para escapar de un vagabundo que le pedía monedas. La última vez que la vio estaba en la vereda de una estación de servicio. En cuanto a Florencia Penacchi, su hermano destacó: "Probamos teorías muy descabelladas, pero hicimos eso porque las búsquedas mas lógicas no dieron resultados. Ella fue a encontrarse con alguien, mucho más no sabemos".




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