"No cambiaría mi vida" - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

"No cambiaría mi vida"

Antes de presentar "La llave" en el teatro Ópera y pronto a festejar los 10 años de su primer disco, Abel Pintos repasó su carrera con Ciudad.com.

Joven, simpático, expresivo, carismático y talentoso. Abel Pintos tiene en su haber años de carrera que le hacen honor al cantautor en que se convirtió hoy en día. Pronto a festejar los primeros diez años transcurridos entre la edición de su primer CD -Para cantar he nacido-, y su presente musical, Abel se muestra seguro de lo que hace. Su último disco, La llave, viene acompañado de un gran triunfo: gracias a él, se llevó el galardón a Mejor Álbum Folclore Alternativo en los Premios Gardel 2008. Y para coronar tal alegría, Pintos va a presentar el álbum en el Ópera, el 23 y 24 de mayo.

Con14 canciones de su autoría, Abel cuenta que el camino para hacer sus propias canciones fue más bien natural, y que arrancó a fines del 2003 con dos canciones: Canción que acuna y Sueño Dorado. "Ambos temas los escribí en un momento espiritual muy grande en mi vida, y cuando las terminé sentí la inmensa necesidad de mostrarlas. Se las enseñé a mi productor de ese momento y le dije que me gustaría grabarlas. Él las escuchó y me incentivó para seguir escribiendo, y al final de las 13 canciones de Sentido, compuse 11", cuenta Pintos.

Tu carrera profesional arrancó siendo vos muy chico, ¿Cuándo te diste cuenta que la música había dejado de ser un juego para convertirse en una profesión?
Cuando a empecé a darme cuenta de las presiones que genera cualquier profesión. Empezar a tomar decisiones, crecer y hacerte amigo de cosas como la Afip. Esas cosas son las que más te despabilan con respecto al tipo de crecimiento que tiene tu emprendimiento, y de algún modo empiezan a ser presiones que cargan y abogian mucho. Si podes enfrentarlas y sentís que vale la pena hacerlo, vas encontrando cada vez más el sentido de que lo que haces lo haces porque te gusta y te importa tres carajos el resto del mundo.

Desde el principio te ayudaron muchos grandes de la música como Raúl Lavié, León Gieco y Teresa Parodi, ¿consideras a alguno de ellos tu padrino artístico?
Todos fueron y son muy amables conmigo, como todos los músicos que conocí en Argentina. De algún modo me mimaron y me dieron la oportunidad impagable de poder aprender directamente de ellos. Si tengo que considerar a alguno mi padrino, sería León porque él hizo algo inusual: produjo mi disco y después me sacó dos años de gira con él, cuando no era su trabajo ni su obligación. En ese momento la imagen era muy tierna porque es de público conocimiento que León no tiene hijos (sí tiene dos hijas) entonces si no era el hijo, era el ahijado.

Es muy común que en los chicos que empiezan de muy chicos, su familia los acompañe laboralmente. En tu caso tu hermano es productor de dos de tus discos, ¿cómo es trabajar con él?
Es muy cómodo porque nos conocemos profundamente y en todos nos criamos juntos. Aunque hay una diferencia de edad muy grande entre los dos, musicalmente los dos nos criamos juntos. Ariel empezó a encontrar la libertad para crear su propia música en el folclore, y los dos nos desarrollamos con el mismo gusto y los mismos referentes, codo a codo.

¿Qué cosas te arrepentís de no haber vivido por tu carrera y que cosas no cambiarías por nada?
La realidad es que no cambiaría nada. De algún modo siempre sentí que no resigné cosas, sino que hice un trueque. Siempre me lamenté de no haber podido vivir grupalmente una emoción como es un viaje de egresados, pero eso lo cambié por estar tocando en un estadio para 30.000 personas. Viví las emociones desde otro lado, con otro grupo de gente, y que hoy que estoy más grande disfruto que haya sido así. Es un trueque con lo positivo y negativo que tiene intercambiar algo.

Suele pasar en los artistas –por ejemplo Soledad y Luciano Pereyra- que una vez que empiezan a componer, ese crecimiento viene acompañado de un viraje musical: ¿Cómo es en tu caso?
Es que no creo que Soledad, ni Luciano ni yo queramos cambiar nuestros rumbos. Me parece que las cosas tienen que ver con influencias musicales de nuestras crianzas, y con cosas que nos pasaron en la vida después. Por ejemplo Luciano se crió escuchando música melódica, y es muy natural que dentro de la música que él quiera hacer haya gran influencia de lo melódico. Yo me crié con el rock y conocí el folclore con la parte ecléctica de Mercedes Sosa, y de ahí la música que hago.

Su cumplen diez años de tu primer disco, ¿que consejos le darías a alguien que recién está empezando?
Que nunca tienen que perder su objetivo principal ni la naturalidad. Las cosas nunca tienen que dejar de fluir de forma despreocupada, porque sino después las presiones y las cosas que uno empieza a sentir transforman en algo muy hermético. Si se deja de lado lo original para cumplir con pautas para el producto, ya no es tan divertido. Lo bueno es mantener la emoción.

TE PUEDE INTERESAR