Indie rock para no pensar - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Indie rock para no pensar

El héroe del rock alternativo de la década del 90 (fue ingeniero de sonido y productor de "Nevermind", de Nirvana) tocó en Niceto con su banda Shellac. Crónica de una noche para una selecta minoría.

La crónica empezaría así: el pasado miércoles 26 se presentó Shellac en Niceto, la banda del guitarrista Steve Albini, el bajista Bob Weston y el batería Todd Trainer. ¿Pero quién demonios son estos tipos? Digamos que entre los tres, particularmente entre Weston y Albini, se puede trazar un mapa del sabroso panorama musical del rock independiente y mainstream que azotó a los Estados Unidos de América desde fines de los 80 hasta promediados los 90. Los nombres para respaldar no faltan (sea como músicos o el renombrado rol de Albini como ingeniero de sonido y productor) y abarcan un tornado de bandas: Jesus Lizard, Slint, Pixies, Stooges, Mission of Burma, Big Black, Rapeman, Hemlet, y un largo etcétera. Así que ellos son Shellac, una banda formada en el 92, que en su paso por Buenos Aires tocó temas de su primer elepé At action park, hasta el último Excelent Italian Greyhound, en una contundente performance de rock alternativo noventoso.

También podría empezar asá: en épocas de campos VIP y entradas de tres cifras lo de esta banda fue educativo en más de una sentido; precios económicos, conferencia de prensa con el público y una última lección de parte de Weston: "Vamos a tocar tres canciones más y sólo tres, nada de eso de que ustedes aplauden y volvemos. Eso es una mierda".

Al hacer una reseña de un recital, lo mejor que te puede pasar es no estar pensando en que vas a escribir mientras sucede. De hecho, lo ideal es no estar pensando, o al menos no pensar en la forma convencional, con el creador invariable de significados a cuestas. Cando eso sucede gracias a la música te podés dar por satisfecho, porque no te olvidás de la gente que te rodea, ya sean tus amigos o esa gente tan parecida a vos y tan diferente, del desprecio de los patovas hacia el público, de que estás en el mismo lugar donde viste desde bandas de stoner rock hasta alemanes electro pop y del curriculum de los músicos. Todo, diez segundos después del primer acorde.

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