"Si un fotógrafo saca fotos así, yo me dedico a vender helados" - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

"Si un fotógrafo saca fotos así, yo me dedico a vender helados"

El RR.PP. acaba de publicar un libro con fotos caseras que les sacó a sus amigos famosos. "La idea principal fue mostrar cosas que de otra manera nadie podría haber visto", dice con orgullo.

El cable del cargador del celular de Gaby Alvarez es negro. No debe haber cables blancos para cargar celulares, si no, Alvarez tendría uno. El cable del cargador es lo único negro en este lugar —su casa— donde los sillones, las paredes, los almohadones y las lámparas son totalmente blancos. Hasta el celular, brilloso, que se está cargando al final del cable negro es del color de la leche.

Alvarez, no podía ser de otra manera, viste de blanco. La tapa del libro de fotos que acaba de publicar, con el auspicio de Lacoste, es blanca y la ropa de Alan Faena, que aparece en la página 70, también es blanca. En el retrato, el empresario hotelero con su sombrero de ala ancha mira hacia el piso, recostado sobre un sillón.

— ¡Siempre me comparan con él! ¡Por favor! —comenta exasperado Alvarez y se apoya las palmas de las manos sobre la cara—. Trabajamos juntos cuatro años, somos amigos, pero ¡No lo estoy copiando! ¡Mi papá usó el blanco toda la vida!

Gaby no para de moverse. Es inquieto, habla rápido, gesticula, alza los brazos, se sienta y se vuelve a parar. "Esperá que te muestro algo. No lo vas a poder creer", dice y se levanta del sillón blanco para traer un puro etiquetado con su nombre, la cámara con la que saca fotos, una carta que Celeste Cid le escribió para el cumpleaños o la remera de Soda Stereo que le regaló Charly Alberti.

Gaby conoce a todos. La agenda de su celular es una especie de guía telefónica de famosos. Ahí guarda los dígitos que identifican a Shakira, Charly García, el tecladista Didi Gutman, Gael García Bernal, Mariano Mores, Ursula Varguez, Luis Alberto Spinetta y decenas de personajes más. Centenas, tal vez.

— Te voy a mostrar lo que es el poder. ¿A quién querés que llame? —pregunta.

A ver... Uno difícil... 
¿Difícil? ¿Qué es difícil? —dice apretando teclas con el pulgar, revisando orgulloso su lista de celebridades.

A Gaby le encanta nombrar personajes. Si cada vez que mencionara a un famoso tuviera que pagar unos centavos, a fin de año debería miles de dólares. Mick Jagger, Ruth Infarinato, Bernard Fowler, el zorrito Von Quintiero y Sting se mezclan, se encuentran e interactúan en sus anécdotas entusiastas. Todo parece divertido, luminoso, alegre: sensacional.

¿Y si estás solo? Un domingo de invierno a la tarde, por ejemplo...

Bueno... Todos los seres humanos caemos... En cualquier rubro... Eso es una realidad. Yo vivo acá, en un departamento grande pero solo, con mi perra. Estuve de novio dos o tres veces, con personas mediáticas que me hicieron daño. En este momento busco una persona, pero me gustaría que no perteneciera a ese círculo.

¿Podés encontrarla así, siempre rodeado de famosos?

Creo que sí. Yo me corro de ese mundo. Voy a la plaza y me tiro en el pasto. Igual, me muero de vergüenza cuando me vienen a hablar. Soy tímido, un pibe normal. Y han hablado tanto de mi sexualidad. Que la gente piense lo que tenga ganas. Me importa que los que me quieren sepan quién soy y qué me da placer. Si vos me preguntás "Gaby, ¿sos gay?" directamente ni te contesto, porque si ves con quiénes estuve te das cuenta de que no soy gay.

En el libro hay muchas fotos polémicas. Chicas semidesnudas... ¿Pasó algo con alguna?

¡No me podés preguntar eso! —dice entre risas.

Luly Salazar, por ejemplo.

No quiero hablar... Porque nunca lo hablé, y fue largo. ¡El tema fue largo! —aclara y lanza una carcajada.

¿Qué les decís a los que te critican por las fotos?

Me parece que las críticas no tienen sentido. Este es un proyecto solidario (lo recaudado se donó a una fundación). Y lo hice también como un homenaje a mi abuela que falleció este año. La mayor parte de los que aparecen en el libro son personas que conocieron a mi abuela. ¡Y son amigos! Además, si un fotógrafo puede retratar a estas personas, en esas situaciones, yo me dedico a vender helados en la calle...

Se levanta y se acerca a una mesita de luz blanca. "Mirá", dice y se agacha. Agarra una pila de libros, se sienta en el piso y los muestra uno a uno. Truman Capote, Pedro Almodóvar, Liniers (el de los chistes) y unos cinco o seis más.
—Pero ojo... Estos no son los únicos libros que tengo, eh. Estos son los que estoy leyendo en este momento — aclara serio.

Según cuenta, la discoteca no le gusta, la noche no le gusta. Está buscando a la madre de su hijo: una madre no mediática alejada del mundo de los famosos. Le gusta escribir, pintar con acuarelas, armar frases como "soñar es hacer" o "sueños en vida". Eso lo relaja. También lo relaja ir a misa. Le hace bien. No es por ser creyente o no. Es una especie de agradecimiento. Fue a un colegio católico. Y colecciona rosarios. En la puerta de su habitación tiene más de quince. Uno es de oro blanco y, según dice, cuesta más de tres mil dólares.

El blanco domina el departamento. Rosa, la empleada, se encarga de que así sea. Trabaja con Alvarez desde hace años. Lo define como una persona "muy sensible".

¿Y con la limpieza cómo es?

(Sonríe). Con la limpieza... Es muy puntilloso. Muy preciso, detallista. Todo tiene que estar impecable... Las luces encendidas, las cortinas blancas... Todo blanco... Así, como ahora...Y eso que todavía no terminé de limpiar...