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101% Hip hop

El periodista escribió "Hip hop. Más que calle", un libro en el que repasa la génesis, el ascenso y la consolidación del género que hoy está en todos lados, y cómo se instaló en la Argentina.

Es poeta y periodista, editó la revista Les Inrockuptibles en la temporada 1996-2004 y forma parte del staff de Plan V, TDI, el suplemento Ñ y Espectáculos de Clarín. Sin embargo, Gustavo Alvarez Núñez, GAN para los amigos, puso el ojo donde no lo esperaban: el hip hop. "No soy especialista en el género, pero lo sigo desde mediados de los 80", dice. "Y como parte de Los Inrockuptibles, junto a Juan di Natale siempre le prestamos atención. Igual, siempre me atrajo el momento en que una cultura barrial, callejera y hedonista fue transformándose en una usina de ideas musicales y en una bola de fuego política".

Hip hop. Más que calle surgió de una propuesta de Juan Carlos Kreimer, que había reeditado su legendario libro Punk. La muerte joven. "Me preguntó si me animaba a escribir una historia de la música más revolucionaria de las últimas décadas, y me gustó el desafío", rememora ahora GAN, con el volumen de 239 páginas entre manos.

Desde 1970 hasta la actualidad y desde el sórdido Bronx hasta el oeste y el sur del conurbano, GAN se introduce en la historia del género más polémico y novedoso de las últimas décadas. "Trastocó varios aspectos: la noción de copyright la puso en conflicto desde el vamos", explica el autor. "El hip hop era música hecha en base a música de otros, a partir del rap encima de una canción de éxito (Rapper s Delight, el Big Bang del género). Después está la adopción de elementos del look que se volvieron fashion: desde la ropa de marca vintage y las marcas deportivas (My Adidas por Run-D.M.C. es la gema) hasta la apropiación de modismos propios de la cárcel (las zapatillas sin cordones, los pantalones caídos porque no estaba permitido usar cinturones; etc). El hip hop también permitió que chicos que tranquilamente podrían haber terminado muertos o en la cárcel, a partir del vicio de la competencia por ser mejores (el arma moral del género), adoptasen una nueva forma de vida".

¿El hip hop es forma o contenido?
Una cosa lleva a la otra. El hip hop es la puesta en escena de un conflicto desde siempre. Y fue mutando. No es lo mismo el hip hop de los 80 que el de los 90, ni el que se produce en los últimos años. Cada uno obedeció a las circunstancias que lo rodeaba: en el de los principios era más fuerte la forma que el contenido, pero no podían estar desligadas. Digo, si entendemos que la forma hace a la producción (elemento fundamental para entender una música hecha en principio por no músicos o djs) y el contenido está ligado a un "bocalista", que escupe rimas inventivas...

¿Qué formas adoptó el hip hop nacional?
Martín Mercado, en el postfacio del libro, dibuja muy bien las distintas variantes por las que fue pasando el hip hop en nuestro país. Desde la adopción más fiel y menos interesante a fines de los 80, después la aparición de Illya Kuryaki & The Valderramas (que pasaron de su fanatismo por el hip hop old school a su amor por la música negra más sofisticada) y la Nación Hip/> Hop (en épocas del gangsta rap), hasta los últimos tiempos, donde la escena se puso más interesante e intensa. Con los Iluminate y DJ Stuart a la cabeza, más la presencia siempre importantísima de Dante.

En el libro hacés un repaso año a año de cómo fue evolucionando el género, ¿qué esperás para el futuro del hip hop?
Le di un formato cronológico, porque me permitía visualizar casos puntuales en ciertos años (el momento culminante es la seguidilla de muertes en la guerra Costa Este-Costa Oeste). Casi el único modo de organizar tanta información y tanta buena música. En cuanto al futuro, espero que no sea tan obvio y tan propenso a la mercadotecnia. Por ahí un resquicio eran las propuestas como la de The Streets (el hip hop en el medio de otros géneros) o las formas pretenciosas de un El-P. Aunque un Common sigue sacando buenos discos. Pero está claro que como en el rock, el mainstream del hip hop parece querer ahogarse en sus propias certezas, sin permitirse la duda.