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¡Funebreros!

Desde Dallas, Andreas Kisser adelanta el show de la banda más pesada del metal latinoamericano y advierte: "Ojalá me esperen con un choripán y una birra".


CONDICIONADO. En el video del tema "Convicted in life" (del nuevo disco, Dante XXI), Sepultura suena más oscuro, endemoniado y controvertido que nunca. Se recomienda, para romper el hechizo, encontrar en este clip al doble del Pelado Cordera en el infierno... (la solución, al final de la nota).




Después de más de veinte años, ¿cómo influenció Sepultura al heavy metal?
Creo que hicimos mucho, especialmente para la escena del nü metal. En Brasil y Sudamérica, creo que abrimos puertas para que otras bandas, como Ratos de Porao y Angra, también pudieran salir al mundo...

Andreas Kisser: el grandote que le echa nafta al motor de Sepultura desde la segunda línea con su viola violenta; el soldado clase 68 que le dio al thrash metal esos poderosos ecos de las guerras tribales de la Amazonia, para forjar el herraje del nü metal; el músico total que, a su puesto de base en Sepultura, suma colaboraciones con Biohazard y Nailbomb, además de tener una banda de blues, Brasil Rock Stars, y un disco solista, Hubris I & II. Un héroe del sonido más duro del planeta, que ya tiene su monumento de piedra y metal en las huestes de la Sepularmy. Ahora, está del otro lado del teléfono, a pocos días de tocar en la Argentina para presentar su nuevo disco, Dante XXI, un eslabón tan oscuro como inspirado en la "era Derrick Green" de la banda, que empezó con la partida del anterior vocalista, el gran Max Cavalera (el show en Buenos Aires es el sábado 13). Cae la noche en Dallas y Kisser se relaja. No es tan malo como uno podría imaginar... "De chico me decían alemao, es una tradición llamar así a los rubios en Brasil. En verdad, mis abuelos vienen de Hamburgo y Eslovenia, pero yo soy brasilero, man", cuenta.

Será que prefiere hablar de eso en vez de alimentar las polémicas de la banda, que desde 1996 padece algo así como un juicio de divorcio continuo contra los hermanos Max e Igor Cavalera (guitarra y voz, el primero; batería, el segundo; ambos, el motor diferenciador de la primera –la más original- formación de Sepultura). Primero se fue Max. Y hace poco, Igor dejó la banda, luego de grabar Dante XXI. "Los Cavalera pueden decir lo que quieran pero este rumor de mierda sobre una reunión es falso, ¿cómo vamos a reunirnos con gente que no quiere saber nada de nosotros? Los Cavalera son personas muy complicadas, pero Sepultura sigue igual", llegó a decir Kisser en uno de los momentos más álgidos. Pero ahora, del otro lado del teléfono, baja un cambio: "Igor ya no quería estar en la ruta. Hace poco tuvieron un hijo, así que decidió quedarse en Brasil tocando allá. Pero está bien. Pasamos mucho tiempo juntos y ahora él quería hacer algo diferente...".

Después de tantos años, ¿todavía es divertido ir de gira?
Sí, ya son 22 años, pero siempre está bueno porque tenés la chance de viajar y tocar en diferentes lugares. Siempre es algo diferente. Por ejemplo ahora, que tenemos un nuevo baterista, Jean Dolabella, hay que aprender a entendernos en el escenario con sólo mirarnos.

Igor Cavalera se fue para sentar cabeza y vos también tenés familia. ¿Alguna vez pensaste en dejarlo todo y asentarte?
No, lo solucioné fácil: ¡me los traigo conmigo! A mi mujer le gusta viajar por el mundo así que no tenemos problemas. No es sólo parte de la vida del músico, hay muchas otras profesiones en donde tenés que viajar: pilotos de avión, políticos, incluso médicos. Son trabajos muy demandantes y es duro estar lejos de casa, pero esto es lo que yo hago y mi familia come gracias a esto. De todas maneras, aunque no estoy en Sepultura siempre estoy tocando música. Tengo un par de bandas paralelas en Brasil, estoy trabajando en un disco solista. Le dedico mi vida a esto.

¿Tus hijos tocan algún instrumento?
Tengo tres (Giulia, Yohan, y Enzo) y tocan un poco, porque tengo una batería, teclados y muchas guitarras desparramadas a lo largo de mi casa. De vez en cuando nos juntamos todos y zapamos. Pero creo que, aunque no sean profesionales, es bueno para ellos que sepan tocar algún instrumento.

¿Por qué?
Porque es una gran terapia. Mucha gente va a ver shows y gritan, hacen pogo, transpiran... Al final, salen del lugar mucho más aliviados. Resuelven sus problemas a través de la música. Y si sabés tocar, es mucho mejor: podés volver del trabajo estresado y sentarte frente al piano por una hora para descargar todo ahí y dejar volar la mente. Además es una nueva lengua, con una forma propia de lectura. Está bien saberla hablar. Después, no importa si seas bueno o malo, porque es algo bien personal.

¿Cómo fue que empezaste con la guitarra?
De chico, con la guitarra acústica de mi abuela, tocando música popular brasilera y bossa nova, Caetano Veloso, Gilberto Gil y gente como esa. Mi mamá también toca, así que es de familia. Mi hermana toca el piano, pero a mí no me gustaba, por eso agarré la guitarra. Después empecé a escuchar más rock: Queen, Kiss, Iron Maiden, Judas Priest, Black Sabbath. Me empecé a cebar y agarré viaje.

¿Y ahora? ¿Qué guitarras estás usando en esta gira?
Hace seis años que uso Fender con unas cuerdas brasileras que se llaman Gianini. Y amplificadores Messa Boogie. Llevo cuatro guitarras a la gira. Obtengo un sonido bien distorsionado, poderoso y heavy. ¡Demencial!



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SOLUCION: Si todavía no encontraste al Pelado Cordera en el infierno de Sepultura, ¡avivate!


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