Ni santa ni akaramelada - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Ni santa ni akaramelada

Nos metimos en la casona de La Boca donde vive Goy, voz de Karamelo Santo, con su familia y algunos inquilinos más. De su mano (y de la del pequeño Homero, su hijo de pura estirpe rockera) recorrimos cada habitación de esa "pensión" que alojó a 25 personas (más invitados) cuando los mendocinos vinieron a Buenos Aires allá por 1997 y la pasaban de fiesta en fiesta "para pagar el alquiler". Hoy es casa de familia, con menos habitantes, no tanto agite y estudio de grabación; pero nunca dejó de ser del pueblo.

La entrevista, que consistía en entrar al mundo de los Karamelos, fue arreglada por teléfono con Goy con una semana de anticipación y nunca fue confirmada. Sin saber si alguien nos iba a recibir, fuimos hasta el la República de La Boca y tocamos timbre en la casona antigua de la calle Rodríguez, convertida en templo santo allá por 1997 cuando la banda mendocina decidió probar suerte en Buenos Aires y en la que durante muchos años vivieron más de 25 personas, que financiaban el alquiler con fiestas abiertas al público.

Mientras le pedíamos al taxi que, por las dudas, nos espere, la mano de Goy tiró las llaves por la ventana desde la planta alta. No tenía idea de quiénes éramos, recién llegado de la gira por sus pagos no se acordaba que íbamos a caer por ahí. Subimos. En el último escalón de una larga escalera de mármol blanco nos esperaba el pequeño y sonriente Homero, el pequeño hijo de Goy que en un año y un par de meses a pura sonrisa y actitud rocker ya le revoleó por la ventana un par de cámaras de fotos por el balcón y juega con la consola del estudio como lo hace su padre. ¿Homero es en honor al poeta griego o por el padre de la familia más querida de la TV?, preguntamos. "Bueno, por las dos cosas. Aunque los Simpsons me hicieron reír mucho", dice Goy, una persona calma, amable, a quien resulta imposible imaginar sacado.

El home tour incluía paradas en las habitaciones por las que pasaron Fermín Muguruza, Manu Chao, Aterciopelados, Desorden Público y muchas bandas más. La primera, en la que dormían dos docenas de músicos, hoy devenida en living. La sala de grabación, que era el antiguo comedor comunitario. La terraza, en la que se hacían las famosas fiestas, que dejaron de existir porque una vez se pararon sobre sus baldosas más de 500 personas y el techo casi se viene abajo.

Pese a que la población se redujo, la casa nunca dejó de ser del pueblo. Todavía en la parte de arriba ("la favela" para los habitantes del hogar) vive un percusionista y tres miembros del grupo; abajo Goy, su mujer y Homero. En la hora que estuvimos ahí entró Pablo, el saxofonista de Karamelo, Charly, ex guitarrista de Actitud María Marta y dos miembros de Sancamaleón, que estaban terminando de hacer unas mezclas para su próximo disco.

"La palabra exacta para definir a Goy es generoso. Con todo lo que tiene, con su tiempo, con sus contactos. Nuestro disco lo llevó en una de sus giras por Europa, se lo mostró a productores de allá, es ge-ne-ro-so", sentencia un Sancamaleón. Se podría agregar que la clave para definir a la banda también está en la coherencia entre palabra y acción, entre letra, canción y estilo de vida.

Constantemente los Karamelo Santo se suman a cuanta movida benéfica haya, en Buenos Aires o en cualquier provincia del país y del exterior. El primero de diciembre participaron de la jornada cultural "El arte acompaña la lucha" que se hizo en el Día Internacional de la lucha contra el sida. En octubre estuvieron el Colombia, en un festival gratuito al que asistieron 400 mil personas. Mañana despiden el año con un recital (una vez más, gratis) a partir de las 17 en el Parque de Los Patricios (Caseros y La Rioja) junto a una parte de su millón de bandas amigas: Nuca, Umbanda, La Brizuela Méndez, Negusa Negast.

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