La música que escuchan todos - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

La música que escuchan todos

Erykah Badu, Elvis Costello y Dave Matthews dicen lo suyo en "Before the music dies" (Antes que muera la música), un documental que desnuda cómo el rock business se está comiendo al arte y "que todo fan debería ver", según sus directores. Ya se lanzó en Estados Unidos una serie de proyecciones independientes.

"Music can save people, but it can t in the commercial way it s being used. It s too much. It s pollution". Con esta cita de Bob Dylan arranca Before The Music Dies, el documental que dos nostágicos de las épocas en que "el rock era de verdad" filmaron durante un año entero a lo largo de los Estados Unidos para desnudar de qué manera el showbizz se está comiendo la expresión artística más popular del planeta. Acto seguido, el trailer muestra a la salida de un recital de Ashlee Simpson a un grupo de chicas decir que el corte de pelo de la pop star es lo que las atrae y no, ni idea quién es Dylan.

Mirá el trailer de Before The Music Dies.


Algo cambió. La promoción de la cultura pop a través de las radios y la industria discográfica está matando a la música, a la buena música. Un alerta que los directores Andrew Shapter y Joel Rasmussen confirmaron haciendo la película, con la frustración de muchos de los artistas que se ven obligados a hacer lo que su agente de prensa le manda, para seguir en carrera... ¿Hacia dónde? Y como se declaran simplemente fans "sin contactos" (esa palabra) decidieron asociarse con una radio satelital e independiente para la proyección del documental en campus universitarios y pequeños bares por todo el país, tal como hizo –entre otros– Robert Greenwald con su sátira crítica sobre los precios bajos de Wal Mart.

La película –también halagada por la crítica en su calidad de edición– incluye testimonios de Erykah Badu (que da instrucciones claras para ser una pop star), Eric Clapton, Elvis Costello, Calexico, My Morning Jacket, Dave Matthews, entre varios más. Mientras que saxofonista Branford Marsalis reconoce que ni Ray Charles ni Steavie Wonder hubieran tenido espacio en este estado de las cosas "tan superficial", el único representante "la industria" en la mira es un ejecutivo de radio que aparece como los criminales o los testigos encubiertos: es sólo una silueta que con la voz distorsionada admite: "la empresa se rige sólo por los dólares de la publicidad".

"Todo el que se considere fan debería verla", dicen los realizadores, que no se olvidan de las nuevas formas que los músicos tienen disponibles para conectarse con su público: la radio satelital, los archivos p2p, las bandas independientes y, sobre todo, el fenómeno de Internet, donde la sobreabundancia de información choca inevitablemente con los tiempos que corren.

Para eso están los que rigen el gusto. Pero ante un panorama que viene en combo con la concentración de las discográficas, donde los ejecutivos cuentan artistas como ganado y no respetan los tiempos del proceso creativo; donde la entronización de MTV y la cultura visual fabrica productos exclusivos para jóvenes y las innovaciones técnicas que disimulan voces desastrosas son algo de todos los días, sumado al énfasis puesto en la belleza física, el corazón de las canciones queda casi irremediable perdido en ese camino.

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