El Dr. Tangalanga cumple 90 años - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

El Dr. Tangalanga cumple 90 años

Con entradas agotadas desde hace más de un mes, el profesional de la cargada por teléfono se presenta esta noche en La Trastienda. El flaco Spinetta y Dividos serán parte de los invitados del show que luego se editará en DVD. Antes pasó por la redacción de Ciudad.com y repitió su clásico ritual. Pasen y ríanse.

Dicen que de los cuernos no se salva nadie, aunque ahora debería agregarse un nuevo axioma: es imposible pasar por la vida sin declararse víctima de una cargada telefónica. Claro que en ese ejercicio podemos cruzarnos con amateurs del oficio o con profesionales. Sin embargo, en este último grupo apenas se conocen dos personas. Una es el dibujo animado de Bart Simpson, harto conocido por ser el hijo de Homero y por volver loco a Moe con sus llamados a la taberna. La otra es el célebre Dr. Tangalanga, quien hoy cumple 90 años y lo festeja con un show en La Trastienda del que luego saldrá un DVD. Como invitados estarán el flaco Spinetta y Divididos. ¿Entradas? Agotadas desde hace más de un mes.

Lúcido y alegre. "Es más fácil robar un banco que entrar a este edificio, pibe", soltó Tangalanga -Julio Derizio- apenas se abrió la puerta del ascensor que lo depositó en la redacción de Ciudad.com. Como si lo condujeran ondas magnéticas telefónicas, el Dr. encaró directo hacia la consola donde lo esperaban un listado con números de distintos músicos. Se sentó, se acomodó el bolso en las rodillas y empezó con la puesta en escena de sus bigotes, barba y la infaltable gorrita. No le hizo falta pedir referencias. Al rato hizo uso y abuso de la improvisación y lo sufrieron Alejandro Pribluda, de Satélite Kingston, y un supermercadista chino.

El puntapié inicial de Tangalanga fue en 1962 y casi de casualidad. Un amigo que estaba en cama todo el día le comentó que su veterinario le cobraba carísimo, entonces le pidió el número de teléfono para llamarlo, pero no lo encontró. A la noche, cuando llegó a su casa, aprovechó un aparato que le habían regalado que permitía grabar llamadas y se comunicó con el experto. Al otro día, su amigo escuchó el audio, le pidió otro y así arrancó, aunque recién llegó a explotar esa faceta a partir de los años 80.

Hoy lo acompaña un bastón, pero lo sostiene las risas que transmite. Feliz cumpleaños, Dr.

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