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No sólo de discos vive el hombre

Hace dos meses que el cantante uruguayo editó su nuevo disco: "12 segundos de oscuridad", cuyas letras están claramente marcadas por su momento personal: la separación con su mujer, la cantante Ana Laan. En la charla telefónica habló sobre su nuevo trabajo y sobre las cosas que le preocupan: "¿Quién puede decir hoy en día que el mundo de sus bisnietos vaya a ser un mundo agradable?", se pregunta.

A esta altura, ya sabemos que su último disco: "12 segundos de oscuridad" (el tiempo que tarda el faro de su Cabo Polonio en volver a iluminar) es el más personal, más íntimo y más emocional de su carrera. Justamente, el primero después de ganar un Oscar, con la posible mayor proyección internacional que podría obtener y no le interesó. En él relata a modo de historia novelada –cada canción podría ser un capítulo– la separación con su mujer, la cantante Ana Laan. Allí, en Cabo Polonio, un pueblo de pescadores de Uruguay, donde no hay electricidad, ni cobertura celular, fue donde las letras empezaron a fluir y Jorge a sentir el concepto del disco. En la charla telefónica nos habló del disco, sus preocupaciones personales y del mundo, demostrando que su sensibilidad no es sólo para escribir hermosas canciones.

Me gustó mucho el nombre del disco, la imagen del faro, y la idea de que para que haya luz tiene que haber oscuridad, que no existe una sin la otra. Uno se imagina ese lugar. ¿Volviste a ir a Cabo Polonio después de grabar el disco?

No, no volví a ir al cabo desde enero. Me encantaría volver. Va a depender un poco de lo que pase con los tiempos del disco. Es un lugar que me gusta mucho, que voy desde que era chico. Había dejado de ir muchos años con asiduidad. De hecho, el primer disco que tengo, "La luz que sabe robar" tiene dos o tres canciones que están hechas en el Cabo Polonio. Ese disco se cierra con una canción que se llama "Luna del cabo". Era un lugar de mucha inspiración para mí hace tiempo. Después, cuando me vine a España, se hizo mas difícil ir. Porque es un sitio al que tenés que llegar y quedarte por un tiempo para disfrutarlo.


El desconectarte del mundo por unos días como hiciste en Cabo Polonio, ¿qué te permitió ver?

Me permitió ver para adentro. Cuando estás en un lugar donde la información exterior se reduce mucho porque no hay ni cobertura de celular, ni Internet, ni electricidad como para tener un equipo de música andando todo el tiempo, y hay muchísima menos información lumínica por las noches, no tenés más remedio que volverte hacia adentro. Apenas se pone el sol ya no hay más luz y...no sé, es muy duro también. Cuesta al principio. Pero es curioso, porque en los dos lugares donde más escribí -que fue en los aviones y en el Cabo Polonio- no hay cobertura celular. Y no te queda más que estar en el presente. Este fue un año de mucho viaje y, tarde o temprano, terminás dependiendo mucho de los sistemas de comunicación. Aunque sea desde el punto de vista afectivo para estar cerca de gente que querés y que no estás viendo mucho porque estás todo el tiempo de aquí para allá.


¿Cuál fue el mejor elogio que recibiste del disco?


Salió una crítica aquí en la Rolling Stones española que decía: "como North, de Elvis Costelo, pero en castellano." Y "North" es uno de mis discos de canciones favoritas de los últimos diez años. Lo usamos mucho como referencia en este disco. Habla de una separación y de un principio de algo también. Es un álbum muy interesante. Esa comparación me dejó muy, muy, muy contento.


Como ya comentaste en entrevistas anteriores, este es tu disco "más íntimo, más emocional", y el más unificado a nivel temático también, ¿no? Cuando lo escuchaba y leía las letras pensaba que era como un cuento o una novela, con un comienzo, un desarrollo y un final esperanzador...


La verdad es que el orden de las canciones tuvo mucho que ver con un desarrollo argumental. Me alegra si lo viste así porque eso es lo que nos planteamos con Juan (Campodónico). Nosotros veíamos que había hilos conductores a través del disco, y queríamos armarlo de manera argumental. Si se nota, estoy muy contento.


El disco fue también l
a despedida a una relación de tantos años, que se merecía que lo hicieras a tu manera, componiendo y cantando...

Sí, el disco tiene una parte de algo que se termina, y se termina de una manera de muchas maneras. Tiene un gran momento de incertidumbre que recorre casi todo el disco y luego comienza a verse una salida a esa situación. No están puestas en ese orden exactamente, pero sí hay una idea de trayecto. Viste que hay películas, como "Crónica de una muerte anunciada", de García Márquez, que empiezan por la muerte. Y muchísimas películas empiezan por el final, por el desenlace, y luego lo van explicando. Aquí pasa un poco así, que no es lineal, ni es cronológica, pero trata de que tenga un sentido argumental la agrupación de las canciones.


"Hermana duda, pasarán los años, cambiarán las modas, vendrán otras guerras, perderán los mismos, y ojalá que tú, sigas teniéndome a tiro", dice la mejor canción de tu disco –para mí–. Hablemos un poco de "Hermana duda"...


Este es un mundo en el que se duda cada vez menos a grandes niveles. Y la duda es el primer paso hacia la libertad. Hablo de la duda como dínamo, como ayuda a la reflexión. De la duda sana, la duda inmunizadora, la duda como hermana. Hoy, vivimos en un mundo en el que cada vez aparece más gente totalmente convencida de que lo que dice es una verdad absoluta. Todas las últimas guerras han sido hechas en nombre de absolutismos muy grandes. Siempre con Dios de por medio y como si eso fuera un comodín que permitiera hacer cualquier cosa, de cualquiera de los dos lados. Y un mundo, en el que a raíz del 11 de septiembre la libertad es una de las principales bajas de lo que está pasando en todo este momento. Yo dejé de tener la sensación de que la civilización iba -entre comillas la civilización-, que el estado de derecho iba expandiéndose como un sistema de libertades, para empezar a pensar que no, que quizás sea al revés. EE.UU. es un país mucho menos libre hoy que hace ocho años atrás. El mundo islámico, en muchos lugares, es mucho más conservador hoy que hace cincuenta años. Es curioso, pero en Egipto, en los 60, 70, había una apertura que luego se retrazó con el crecimiento de los fundamentalismos. Muchos lugares del mundo, en vez de ir para adelante van para atrás. Y para mí tiene mucho que ver con el miedo que genera la libertad... Y la libertad es dudar, es escuchar otra campana.


La duda como motor de crecimiento...


Sí, la duda como herramienta epistemológica y la epistemología como la ciencia del conocimiento. Es decir, ¿qué sabemos? "Yo sé ésto pero, ¿no tendrá razón el que dice esto otro?" El momento en el que te parás a considerar otro punto de vista y dejás entrar la duda, es un momento de avance, de crecimiento... La ilusión de que íbamos evolucionando hacia una sociedad más libre, más abierta y más justa...no es así.


Es verdad, la realidad actual es bastante desalentadora... Dentro de este panorama, ¿qué cambios esperanzadores ves?

Hay cosas esperanzadoras, como la descentralización que significa Internet. Lo más interesante de Internet, aparte de la información a la que tenés acceso, es la estructura descentralizada. La pérdida de un sistema jerárquico en el manejo de la información y los recursos, hacia un sistema descentralizado, de interacción entre iguales, entre consumidores, entre adeptos a tal cosa, o entre amigos, es algo muy positivo. Que te recomiende una canción o que te venda una guitarra un igual, que vos puedas entrar en una subasta. Si algo esperanzador tiene la tecnología es que cuando sirve para establecer puentes humanos. Eso es muy esperanzador... Pero, los grandes motores económicos del mundo: EE.UU. y los países dueños del petróleo, están metidos en un dilema absolutamente cavernícola, entre: "Dios está conmigo. Tomá", "No. Está conmigo. Tomá". Parecen las Cruzadas, es muy triste de ver...


Te noto muy preocupado, muy conciente de la realidad, mejor dicho...

A mí me preocupa mucho. Quizá es lo que me preocupa más. ¿Hasta qué punto estamos tan concentrados en el balance del siguiente semestre que no nos damos cuenta que vamos hipotecando cosas? Sería muy bueno que nos diéramos un buen susto, porque estamos a punto de destruir el planeta. Somos como adolescentes en un período de examen. Hasta que no ves que se te viene el examen al día siguiente, no te ponés a estudiar. El problema es que a veces lo perdés cuando funcionás así. Estamos muy cerca de perder el examen como especie. Somos la peor especie que ha tenido el planeta, de verdad. Porque el principal don que tiene una especie es, por lo menos, no auto eliminarse. Y nosotros ni siquiera estamos cumpliendo ese. Somos una especie maravillosa en un montón de cosas. Pero con un egocentrismo, una autodestrucción y un inmediatismo criminal, asesino. Nuestra generación, en concreto, destruyó el planeta con una eficacia sin precedentes. ¿Quién puede decir hoy en día que el mundo de sus bisnietos vaya a ser un mundo agradable? Casi todo el mundo ya está dudando de que el mundo de sus hijos vaya a ser igual...

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