"Qué cerda": la movilizadora carta abierta de una periodista sobre un insulto por su peso que es furor en las redes sociales - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

"Qué cerda": la movilizadora carta abierta de una periodista sobre un insulto por su peso que es furor en las redes sociales

A través de un texto intenso, María Fernanda Rossi compartió sus sensaciones después de escuchar que la agredían en la calle. 

El texto de María Fernanda Rossi se viralizó rápidamente en la Web (Fotos: Twitter).

"Ayer caminaba hacia mi trabajo con dos bolsitas de galletitas en la mano cuando me encontré con una mirada de desaprobación, a la que le siguió (en voz baja pero audible) el comentario frío e hiriente 'qué cerda...'". 

Podría haber terminado en una desagradable anécdota, pero la periodista María Fernanda Rossi decidió ir más allá y reflexionar sobre los prejuicios (que, lamentablemente, hoy son moneda corriente) tras recibir un insulto en la calle. Una frase repleta de desdén, prejuicio e ignorancia.

El texto de la conductora de La Mañana del Sur (93.9 FM Sur), en el que relata sus sensaciones después de escuchar que un hombre la llamó “cerda” al verla caminando con dos paquetes de galletitas, no tardó en viralizarse cuando Rossi lo publicó en sus cuentas de Facebook y Twitter.

La nota fue compartida por cientos de personas y María Fernanda recibió innumerables muestras de apoyo, además de elogios por la forma en que exteriorizó la experiencia. Una muestra de que las palabras con buena intención tienen -¡por suerte!- más peso que los agravios.

A continuación el texto de María Fernanda Rossi completo:

"Qué cerda..." 

Llevo casi un día entero pensando en este texto, quería que fuese poético y conmovedor, lleno de giros argumentales adornados de emoción, pero lo que quiero decir no necesita nada eso. Necesita verdad.

Ayer caminaba hacia mi trabajo con dos bolsitas de galletitas en la mano, para desayunar con mis compañeros de la radio, cuando me encontré con una mirada de desaprobación, a la que le siguió (en voz baja pero audible) el comentario frío e hiriente "qué cerda..." 

Qué cerda... Hice como que no escuché nada y seguí con mi día, aunque a lo largo de las horas me repetí en mi cabeza "qué cerda..., qué cerda..."
Me acordé de una vez que se me ocurrió usar leggins y que a un capo en la calle se le ocurrió hacerme un chiste refiriéndose a mis partes privadas, y volví a pensar "qué cerda..." 

"Mido 1.59 mts, peso casi 69 kilos, trabajo en radio y esquivo cuánta cámara puedo, lo mío es el anonimato; pero, ¿por quién me escondo? ¿Por mí o por los que se incomodan al verme? Qué cerda...". 

Mido 1.59mts, peso casi 69 kilos, trabajo en radio y esquivo cuánta cámara puedo, lo mío es el anonimato; pero, ¿por quién me escondo? ¿Por mí o por los que se incomodan al verme? Qué cerda... 

Este verano me fui de vacaciones en familia, 10 días en la playa, 0 días en traje de baño. Qué cerda...

Siempre digo, y me lo creo, que yo en líneas generales no me hago drama, que no me importa, que mi cuerpo es como es y que me quiero como soy, pero no puedo dejar de pensar en esa mirada y ese desdén con el que soltó la frase. Podría excusarme y decir la que culpa la tiene la tiroiditis de Hashimoto, el hipotiroidismo, que tuve dos pibes, o que mi mama falleció hace poco; pero no, mi tamaño es este porque como mal y no piso un gimnasio desde 1989, "soy una gorda vaga" es casi mi frase de presentación. Qué cerda...

Doy vueltas, miro el teclado, tomo agua y pienso en dejar de comer, así de una, para siempre. Revuelvo en internet y busco dietas rápidas, trucos mágicos para bajar de peso; me venden pastillas y yo vendo mi alma por ir el lunes a la radio siendo delgada. Busco la mirada que me apruebe, la sonrisa a una bolsita de galletitas de avena y chocolate. Qué cerda...

Lloro, siento que estoy en una partida de esgrima y recibo todas las estocadas. Como un chocolate pensando "qué me importa", lo odio, me odio, lo dejo, tomo agua, como si me lavara de culpas y de grasa. Lloro. Qué cerda... 

Quiero destaparme y ser, mirarme y estar, reírme y disfrutar. Busco un pantalón que no me entra hace años y lo tiro, lo repito con el resto de la ropa, quiero deshacerme de lo que no soy, de lo que no voy a ser, de lo que me aprieta no solo la carne. Qué cerda...

"Ya no lloro, me vuelvo a mirar al espejo y me sonrío, abrazo la panza que llevó a mis hijos y recuerdo por cada cosa que pasé. Me miro. Me quiero".

Me despego, miro como en una película la cara, el gesto, siento una piña en el estomago de cada vez que suelta la frase. No está pensando en mi salud o en mi bienestar, está pensando en su incomodidad, en el rechazo que le provoca una mina de 36, con 20 kilos de más, que va distraída por la vida llevando azúcar y manteca entre sus manos, en una mina que le sacude su centro, que se va a seguir cruzando y que va a seguir teniendo sobrepeso. Qué cerda... No quiero verte, me molestan tus rollos, tu culo, tus tetas grandes, me incomodan tus brazos gordos y esa papada. Qué cerda...

Me vuelvo a meter en la historia y me doy cuenta que es la mía y aunque me corra de esa mirada habrá otras, que hoy me lo dice a mí y mañana a alguien más. Ya no lloro, me vuelvo a mirar al espejo y me sonrío, abrazo la panza que llevó a mis hijos y recuerdo por cada cosa que pasé. Busco mi teléfono y me saco fotos, reviso mi computadora y busco otras. Me miro. Me quiero.

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