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El día que Ciudad.com fue participante de Gran Hermano: apuntes de una experiencia única

POR IVÁN BASSO. Endemol y América les propusieron a periodistas de distintos medios ingresar por un día al hogar televisado. Y dijimos presente. Ah, ¿había cámaras? Ups...

Crónica de una noche en Gran Hermano 2015. (Foto: Web)

Experimento dentro del experimento. Catorce periodistas encerrados durante un día en la casa más famosa del país, con equipajes flacos y curiosidad (¿periodística?) de tamaño industrial. El simulacro de lo que vivirán en pocas horas los ocupantes de Gran Hermano 2015, la nueva edición del reality, que regresará después de 3 años sin pantalla, esta vez por América y desde el corazón de Endemol. ¿Podía resistirme a la mirada del ojo que todo lo que ve o, al contrario, caer en la dulce tentación de ser un coballo por algunos instantes?

Cada uno inspeccionó los rincones de la casa-estudio: el enorme living multicolor, con todo tipo de detalles pop; la cocina ultra moderna con mil y un detalles de bowls y utensilios deco; el comedor inspirado en el mundo del teatro; y la sorpresiva intrusión de un hidromasaje, un sauna y un enorme árbol en plena sala.

Cuando se abrieron las puertas ya no había relojes ni smartphones. Tampoco grabadores. Ni siquiera un papel y lápiz. Un micrófono abrochado a la cintura, el único dispositivo vital para la vida de estos hermanos, todos unidos por la misma profesión en los medios, pero de los rebaños de la gráfica, la tele o la Web. Cuando se abrieron las puertas, para luego cerrarse, no fuimos muy distintos a los aspirantes a famosos que la habitaron en el pasado. O que la ocuparán en el futuro.

Cada uno inspeccionó los rincones de la casa-estudio: el enorme living multicolor, con todo tipo de detalles pop; la cocina ultra moderna con mil y un detalles de bowls y utensilios deco; el comedor inspirado en el mundo del teatro; y la sorpresiva intrusión de un hidromasaje, un sauna y un enorme árbol en plena sala. A diferencia de las casas de años anteriores, las que eran parte de los estudios que tiene Telefe en Martínez, el verde del exterior tomó en 2015 el interior de la casa y le puso su cuota verde al estudio high-tech.

Las tradiciones son para respetarlas y en este Gran Hermano también hay un parque con pileta climatizada, las habitaciones divididas por sexos y por supuesto el confesionario al final de un largo pasillo de paredes de espejos. También un salón de usos múltiples, que se convertirá en gimnasio, supermercado y boliche. La principal novedad llega entre paredes aterciopeladas bajo el nombre de El cuarto rojo, una habitación que puede traer bendiciones y condenas a los participantes. Esa era nuestra casa por unas horas. Home, sweet home.

Sí, es verdad lo que repiten los exparticipantes: más rápido que tarde, te olvidás de las cámaras. Y ahí surgen las confesiones picantes. Y la vida misma. Como los cambios de ropa sin toallones que hagan las veces de biombos. Puedo dar fe de eso.

Hubo brindis, sushi y aplausos con la bienvenida en la voz histórica de Gran Hermano, nuestro único Dios en la tele-convivencia, y se repitieron escenas bien conocidas de todas las ediciones: gente fumando en el patio, cubiertos de mantas; y otros tomando mate, recostados en un sillón. Hubo desfile de mallas y cuerpos al descubierto en el jacuzzi (ninguno que merezca la calificación XXX, por favor) y por supuesto, las confesiones jugosas que caracterizan al reality show.

Momentos de la estadía: la fobia de Jimena Cyrulnik por los pelos en la bañera, la lucha de Tamara Pettinato para que GH le entregue cerveza caliente ("¡En Alemania se toma así!", se quejaba), las demostraciones de canto y yoga de Lili Monsegou (panelista de Infama), el gran licuado de banana y dulce de leche que preparó Sebastián Tempone en la trasnoche y la periodista que confesó haber recibido una propuesta indecente de una pareja de actores famosos, entre otras anécdotas que quedaron entre cuatro paredes. Ah, no, cierto que había micrófonos...

Sí, es verdad lo que repiten los exparticipantes: más rápido que tarde, te olvidás de las cámaras. Y ahí surgen las confesiones picantes. Y la vida misma. Como los cambios de ropa sin toallones que hagan las veces de biombos. Puedo dar fe de eso.

Sin televisores ni segundas pantallas que distraigan, la casa te invita a hablar y hablar. Por ejemplo, a hablar de los vinagres y los "buena onda" del espectáculo. O de la escasa o exuberante dotación de algunos famosos. O de los mitos clásicos de la farándula -que siempre incluyen prostitución VIP-, de sexualidades a escondidas y de "muertos vivos".

Pero a pocas horas de que salga el sol, fuimos invitados -con gentileza y educación por GH- a dormir. No lo obedecimos algunos rebeldes (?), pero minutos después (media o una hora luego) el sueño hizo lo suyo.

Cuando la voz de GH volvió, ya en nuestras camas y entre ronquidos, nos invitó a desayunar y a largarnos, aunque lo dijo con su estilo. Era necesario preparar la casa-estudio para los otros, los originales participantes de Gran Hermano 2015. Los que pronto se adueñarán de la casa. Esos okupas.

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