El duro pasado de Hernán Drago: "Estaba enfermo y comía hasta no dar más, pero me reinventé y pasé de ser patito feo a modelo" - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

El duro pasado de Hernán Drago: "Estaba enfermo y comía hasta no dar más, pero me reinventé y pasé de ser patito feo a modelo"

El modelo charló con Ciudad.com sobre su participación en Tu cara me suena; y relató una etapa de su niñez: sufrió obesidad y bullying.

Hernán Drago (Foto: exclusiva para Ciudad.com)

Cuesta imaginar que Hernán Drago (39), uno de los modelos más lindos del país, fue maltratado en su etapa escolar por sufrir sobrepeso y que haya sido foco de cargadas y burlas, problemática actualmente denominada como "bullying". Pero, con voluntad y constancia logró “reinventarse”, primero aceptarse para luego transformar su cuerpo y alcanzar sus metas: se convirtió en modelo y formó una familia. Se casó con Bárbara- productora de TV- y tuvo dos hijos: Luka (11) y Lola (8). Sueño cumplido.

Por estos días, no sólo se lo reconoce en el modelaje y en la conducción, sino que se luce en Tu cara me suena, por Telefe.

En diálogo con Ciudad.com, Hernán habló de todo. Incluso contó que, en 22 años de carrera, recibió varias propuestas incómodas e indecentes. Pero, para romper el hielo, opinó de su incursión en el programa de Marley... "Nunca me imaginé para nada estar en un programa así, pero sí me imaginé haciendo otras cosas, porque esta profesión me ha abierto muchas puertas y esta es una más. Estar en Tu cara me suena lo tomo como otra de las oportunidades que me ha dado esta profesión, que es maravillosa", arranca.

- Al evaluar la propuesta, ¿tenías miedo al ridículo?

- No, porque soy muy autoexigente conmigo y sabía que iba a trabajar de una manera muy seria; y, aunque me gane los puntajes más bajos, nunca voy a hacer el ridículo, al menos no conscientemente, porque ensayo mucho y trato de hacer a todos los artistas con respeto. Después puede salir bien o mal. Yo no soy cantante, pero siempre supe que no iba a ir a ladrar a la televisión.

"A los 10 años había engordado mucho. Yo seguí comiendo y engordando hasta los 16. Hasta que me di cuenta que eso no era lo que quería. La gente se burlaba de mí, no la pasaba bien, vivía llorando. Lo que más me molestaba era la panza, porque si yo no era el dueño de la pelota no me invitaban a jugar", resumió sobre su etapa de obesidad.

-¿Te pesa la mirada del otro? ¿Cómo te llevás con las críticas?

- Según cómo esté de ánimo, las críticas me pesan o no me pesan. Tampoco es que me pesa lo que dicen de mí a un punto de no poder dormir, o que me lo crea. Tomo todo con pinzas. Por ahora, en el programa siento respetado y las críticas que me dan son constructivas.

- Trasladando esta pregunta a tu vida privada, me hizo acordar a una declaración tuya, cuando dijiste que en tu etapa escolar la mirada de tus compañeros había sido muy cruel porque sufrías obesidad. ¿Qué recordás de esa etapa de tu vida?

- Sí, esa fue una etapa que sufrí mucho, porque a los 10 años había engordado y seguía comiendo y engordando, hasta los 16. Hasta que me di cuenta que eso no era lo que yo quería. La gente se burlaba de mí, no la pasaba bien. Lloraba de noche y, obviamente, me descargaba con la heladera. Como consecuencia, tenía problemas en el colegio y repetí dos veces 4to año, hasta que me di cuenta que no era el camino que yo quería seguir y logré dar vuelta esa situación. Hoy te puedo decir que la di tan vuelta que es mi tesoro y es mi fortaleza, porque cada vez que yo me enfrento una situación que es adversa o algo no sale como lo esperaba, me acuerdo de esa etapa, y me da fuerza para seguir para adelante. Yo ya me reinventé a los 16 años. No estoy dispuesto a volver a pasarla así.

- Lo que me contás se traduce en bullying, una problemática que, lamentablemente, hoy se conoce más y que crece.

- Sí, hoy lo que me pasaba a mí tiene un nombre, pero en aquel momento se burlaban de todo y no se sabía qué era. Ni siquiera los padres sabían que lo que le pasaba a sus hijos era algo tan grave. Capaz que un padre veía que su hijo venía de la escuela mal o triste, que no quería salir a jugar, que lloraba o que se descargaba con la comida –como en mi caso- y no sabía cómo trabajarlo. Particularmente, mis padres, en aquel momento, vivían trabajando y llegaban a casa muy cansados. Yo lo único que hacía era traer problemas del colegio. Pero algo que agradezco es no haber caído en la anorexia y en la bulimia. Me daba atracones, esperaba que mis padres se duerman y me comía medio tarro de dulce de leche o una baguette con manteca, pero nunca se me dio por vomitar. Me comía todo.

El lado oscuro de su profesión: "Propuestas indecentes he recibido varias, pero que me haya incomodado recuerdo una. Fue cuando empecé a trabajar. Me pidieron que me acueste con alguien para que me den un trabajo. No lo hice".

- Sos padre de dos niños en etapa escolar, ¿hablás del tema con ellos?

- Sí, claro. En mi casa, te diría, que lo trabajo día a día con mis hijos, preguntándoles cómo les fue en el colegio; charlamos, les digo que tienen que aceptar al que opina diferente; y les enseño cómo comer. Trato de organizarlos para que no pasen la etapa triste que pasé yo por mi vínculo con la comida y les enseño a aceptar al compañero. Si bien puede haber un chico gordo, con anteojos, flaco o bajo, debe primar el respeto y la aceptación, porque está bien que todos seamos diferentes.

- En tu caso puntual, ¿cómo revertiste tu problemática y tu imagen, al punto de apostar al modelaje?

- El click me hizo un día que me miré al espejo y vi que estaba muy gordo. Fue un click interno. Sabía que si seguía así no iba a tener muchas posibilidades en la vida: o terminaba con una jeringa abajo del brazo, en una esquina, o daba vuelta esta situación. En ese momento, lo que más me molestaba era la panza, porque si yo no era el dueño de la pelota no me invitaban a jugar al fútbol, o era al último elegido en el pan y queso. Entonces, comencé a ir al gimnasio y a correr, porque aún no podía dejar de comer: estaba enfermo y comía hasta no dar más. Así que empecé con el gimnasio y fui adelgazando. Luego, comencé a ordenarme en las comidas. Hasta que logré verme bien en el espejo y creció mi autoestima. Me cambié de colegio- iba al Versalles- y fui a uno mixto. Yo no sabía relacionarme con las mujeres, pero en ese colegio, con otra imagen y mayor confianza, tuve mi primera novia. Ella era modelo de Pancho Dotto y un día fui a buscarla a la agencia, Dotto me vio y así empecé a trabajar. En el trascurso de 2 años, pasé de ser patito feo a ser modelo y reconocido.

- A raíz de tu trabajo se te rotuló como “uno de los modelos más lindos del país”, situación que supongo te habrá llevado a pasar alguna situación incómoda. ¿Recibiste alguna propuesta indecente?

- (Risas) ¡Varias! Pero que me haya incomodado recuerdo una. Fue cuando empecé a trabajar en una agencia. Mi booker me dijo que me querían para hacer una campaña internacional, en Nueva York, y que pagaban muy bien, pero para que me diera el “ok” tenía que acostarme con él. Eso me dolió muchísimo porque yo recién empezaba a trabajar. Estuve 4 meses pesando en mandar todo al carajo, pero me cambié de agencia y seguí. Después tuve otro tipo de propuestas, económicas, para que pase la noche con alguna persona. Eso lo tomé como algo más superficial, no lo tomé a mal, porque hay gente que tiene el dinero y satisface sus deseos como quiere, pero yo no lo acepté.

Casado con Bárbara, señaló: "No está en nuestro planes agrandar la familia. Ya tenemos la parejita. Igual, si llega a suceder, encantados y enamorados de la vida,  pero no buscarlos como sucedió con estos dos".

- Además, vos estás casado. ¿Cómo nació tu historia de amor con Bárbara, productora de TV?

- Empezó hace poco más de 13 años, cuando nos cruzamos en un boliche. Yo fui a hacer un desfile y cuando me estaba yendo, veo a una chica que entra. Mágicamente hubo algo que me hizo doblar el mentón, la miré y volví. Charlamos, intercambiamos teléfonos y nos empezamos a ver. Yo me fui enganchando, aunque sabía que en poco tiempo tenía que viajar al exterior, a Italia, porque tenía un muy buen contrato firmado, por 3 meses para ser la imagen de un boliche. Pero nosotros fuimos avanzando en la relación y, faltando pocos días para irme, ya estaba enamorado. Entonces, llamé a Italia para explicar mi situación. Me acuerdo que les dije que mi sueño nunca había sido triunfar como modelo en el mundo, sino formar una familia y que ya había conocido a la mujer que me la iba a dar.

- ¿Te gustaría que alguno de tus hijos siga tus pasos?

- Si ellos lo deciden sí. Es más, ya han hecho campañas y algunos desfiles conmigo. Pero aún son chicos y tienen que vivir su infancia. Siempre que hacen un trabajo y les pagan, les doy sus sueldos para que vayan a la juguetería y lo gasten en lo que quieran: botines, pulseritas… Más allá de que me gustaría que sigan esta profesión, que me ha dado muchísimo, quiero que sean felices. Yo los voy a apoyar, hagan lo que hagan.

- Ya tienen la parejita, ¿cerraron la fábrica o les gustaría agrandar la familia?

- En este momento no. Hasta hace un año estuvimos en tratativas de agrandar la familia, porque estamos muy sólidos como pareja y nos encantan los bebes. Pero la verdad es que es mucho trabajo y ya tenemos a la parejita. Además, yo tengo horarios que no puedo manejar y no puedo dejar a mi mujer sola, que también trabaja. No podríamos ocuparnos y queremos vivir esta etapa de nuestros hijos, que ya salieron de la infancia, que uno los manda a bañar y se bañan, uno les pone la comida en el plato y la saben cortar… Entonces, volver a empezar con eso nos generaría un desgaste. Igual, si llega a suceder, encantados y enamorados de la vida, pero no buscarlos como sucedió con estos dos.

- Por último, ¿ya planificaste qué te gustaría hacer cuando decidas retirarte del modelaje?

- No creo en las fechas de vencimiento, pero cuando no me dedique más a modelar me gustaría seguir abriendo puertas laborales dentro del rubro, como conducir eventos, desfiles o programas. Y, cuando todo esto se termine, me quiero ir a vivir al sur, porque soy amante de la Patagonia. Sé que voy a terminar mis días allá. Cada vez que voy, y no voy menos de 8 o 10 veces al año, porque tengo una casa en el sur, se me pone la piel de gallina. Tengo una conexión que no sé si es ancestral o futura con ese lugar. Quiero pasar mis últimos años allá. Trabajo para eso, para cuando llegue esa etapa. Ahí sí, ya podré volver a mis 15 kilos de más, dejar las dietas y disfrutar.

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