Mex Urtizberea, sin caretas: "Hay gente de la tele que vive una irrealidad rarísima, me parecen de terror y de una carencia afectiva terrible" - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Mex Urtizberea, sin caretas: "Hay gente de la tele que vive una irrealidad rarísima, me parecen de terror y de una carencia afectiva terrible"

El músico y actor dejó por unos minutos el traje de la simpatía políticamente correcta y desnudó intimidades en una charla con Ciudad.com.

Mex Urtizberea, sin filtro (Foto: Jennifer Rubio para Ciudad.com)
"A nadie le enseñan a acompañar a alguien a la muerte. A mi padre, cuando le detectaron un cáncer de pulmón, le dije: 'te venís a vivir conmigo'. Y me respondió: 'Vas a presenciar mi decadencia'. Y así fue. Uno tiene otra relación con la muerte después de eso".

Por estos días, Mex Urtizberea exprime las horas de cada día entre las extensas grabaciones de la serie Las 13 esposas de Wilson Fernández (que saldrá al aire el año que viene por Canal 9) y Pura Química, el divertido ciclo que conduce Germán Paoloski por ESPN. Su agenda está prácticamente saturada. Se despierta a las 6:30 de la mañana y literalmente no para de trabajar hasta entrada la noche. El trajín se trasluce en su mirada y su andar cansino por los pasillos del canal de deportes, donde nos recibe con una infaltable sonrisa. Sentados en un impersonal buffet, Mex desnudará intimidades y contará algunos de los eventos más íntimos de su vida a Ciudad.com.

Lejos del perfil histriónico y divertido que siempre lo ha caracterizado, Ignacio (tal es su nombre) dejará, al menos por unos minutos, el traje de la simpatía políticamente correcta y revelará la otra cara del personaje. Ese que no se ve en la televisión y que esconde detrás de su mirada de hombre aniñado. “A nadie le enseñan a acompañar a alguien a la muerte. A mi padre, cuando le detectaron un cáncer de pulmón, le dije: 'Te venís a vivir conmigo'. Y me respondió que sí inmediatamente. Pero me aclaró: 'Vas a presenciar mi decadencia'. Y así fue. Uno tiene otra relación con la muerte después de eso”, será una de sus impactantes confesiones. El espíritu bohemio que siempre marcó su camino, la vida en el París a principios de los ’80, las mujeres, la relación con su hija, Violeta, la fantasía de volver a ser padre y muchos más temas se tocarán durante la charla.

-Tenés una extensa carrera, hiciste muchos proyectos de culto, pero hace algunos años lograste un perfil más masivo. ¿Te sentís exitoso?

"Toda la vida uno piensa: '¿Quién se va a hacer cargo de los últimos días de sus padres?' Y eso está ahí, está en secreto con uno y no lo podés hablar. Y te transformás en un miserable".

-No sé si vivo el éxito como algo natural. Mi momento de mayor popularidad fue con Graduados, el personaje de Tuca pegó mucho y fue mi segunda experiencia en una tira, la primera había sido Los Exitosos Pells. Es algo nuevo para mí, es raro. Hacía programas de culto donde nos burlábamos de hacer una novela y uno va madurando y perdiendo prejuicios. Hay una cosa de afianzarse a una idea que destruye al hombre. Yo sigo haciendo lo mismo como Tuca o haciendo el Magazine For Fai. Lo que siempre sucede es que siempre voy a ser yo. No siento que me haya cambiado.

-¿Te molestó en algún momento?

-Te molesta la cosa de la fama, la calle y la gente en el momento de fiebre del programa. Después, todo se tranquiliza y es agradable. Es una cosa que asusta, pero por otro lado uno busca eso y precisa de la gente del otro lado que confirme lo que pasa para su vanidad y ego. Cuanto más gente lo ve, más satisfacción. Y está bueno, no lo sufro.

-¿Y cómo te llevás con eso de sentirte observado?

"La mujer es más inteligente que el hombre porque emocionalmente es más compleja. Por eso les pasan 10 mil cosas y lloran, y nosotros no entendemos. ¡Es imposible!".

-Lo llevo bien, pero es una tensión siempre. Es así, salgo poco yo de mi casa, soy muy casero. Me da un poco de vergüenza la situación, es un placer que el tipo que está afuera te diga qué lindo lo que hacés, o que te diga te amo, o que te diga que lo conmovés. Y también te puede decir que sos un pelotudo. Te aman o te odian, no hay término medio. Me da un poco de vergüenza, es como que uno entra en la familia. Esa persona te conoce, sabe un montón de cosas de vos y yo no sé de ella. Te sonríen y te dan cariño de una forma tan natural, tan genuina, generosa, terriblemente honesta y ahí digo: 'Me da vergüenza'. Porque no es justo, es raro. A mí me encanta mirar a la gente, ver situaciones. Ahora es difícil, igual lo sigo haciendo. Yo aprendo mucho de eso, de ver, de sentir. Perdí un poco eso. Uno dice estas cosas y después lo lee y es tan pelot... lo que dice, queda medio agrandado pero me preguntás y te digo.

-Y sí, es una relación despareja la que se forja con el público.

-Hay gente que vive de eso y le encanta que su vida sea pública, entonces la pasa bomba. Hace de su vida eso. Vive en una irrealidad rarísima y tiene confianza con ese peatón que le conversa de su vida. Eso me parece de terror y de una carencia afectiva terrible. Buscar que más y más gente te apruebe y estés pendiente de eso. Es una locura y es lo que sucede en los últimos años. Yo creo que hay un morbo hasta por lo freak del asunto, porque son personas que no interesan en lo más mínimo a nadie. Es un show y los tipos lo disfrutan. Me parece espantoso.

"Al hombre no le interesa tener hijos y tampoco le interesa casarse. Me han dejado muchas mujeres a raíz de eso de que no he querido volver a tener familia".

-Siempre llevaste una vida bohemia, ¿qué lugar le das hoy al dinero?

-Soy desprendido, disfruto del dinero para darme placeres, pasarla bien. Eso hago, no gasto en cosas al pedo, no compro un televisor 3D. En mi vida me fui haciendo de cosas que tienen que ver con el placer, un lugar donde hacer música, un jardín con plantas y flores hermosas...

-¿No es un motor en tu vida?

-No, no, no. Mi único deseo es pasarla bien. Ahora me puedo comprar un queso Brie y antes, con suerte, un Mar del Plata, ja, ja, ja. Me compro lo que me gusta, pero no compro boludecedes...

-¿Tu forma de ver la vida tiene que ver con haber nacido en una familia de artistas?

-Siempre tiene que ver el entorno que uno tuvo. Mi viejo (Raúl Urtizberea) era periodista, tuvo momentos buenos de ganar plata y momentos horribles de no tener laburo por años. Creo que uno ha legado eso y yo la eduqué a mi hija igual. A vivir de esta manera.

"Cuando uno es grande, conoce de dolores, de placeres, de satisfacciones. Qué cosas no hay que volver a hacer. La convivencia es una cagada, destruye, desfigura a la persona".

-Hablando de tu papá, ¿cambió tu relación con la muerte desde su partida?

-Sí, claro. A nadie le enseñan a acompañar a alguien a la muerte. Te enseñan a traer a alguien y que la muerte es el fin de la vida, entonces no se habla de eso. Toda la vida uno piensa: '¿Quién se va a hacer cargo de los últimos días de sus padres?'. Y eso está ahí, está en secreto con uno y no lo podés hablar. Y te transformás en un miserable y uno tiene miedo a ese momento. A mi padre, desde que le detectaron un cáncer de pulmón, le dije: 'Te venís a vivir conmigo'. Y me dijo que sí inmediatamente. Pero me aclaró: 'Vas a presenciar mi decadencia'. Y así fue. Uno tiene otra relación con la muerte después de eso. El estaba en coma y yo le ponía (FrankSinatra a todo volumen. Y el tipo escuchaba y sentía, cambiaba la respiración. Cosas raras… Y sabía que estaba a horas de morirse, hasta que murió y estuve con él y lo vi, lo toqué... Cosas que a todo el mundo le dan mucho miedo. Es el fin, es lo no conocido, lo oscuro de esto que nos encomendaron a los que estamos acá.

-¿Te sentís reflejado en él como padre?

-En muchas cosas sí. Soy vasco, cabeza dura, de llevar algo adelante hasta concretarlo. Me sirvió mucho eso, generar cosas. No tenerle miedo a nada, ser insolente y hacer. Sí, algunas cosas sí.

"Hay gente que le encanta que su vida sea pública. Hay un morbo hasta por lo freak del asunto, porque son personas que no interesan en lo más mínimo a nadie".

-¿Y vos como padre como sos?

-Yo la veo a Violeta y me acuerdo que era chiquita, y ahora va cumplir 30 años. Y en muchas cosas es mucho más madura que yo, me enseña mucho. Es muy inteligente. La mujer es más inteligente que el hombre porque emocionalmente es más compleja. El hombre es un tarado, tiene dos cosas en la cabeza, conseguir la comida y coger. No hay más nada en la cabeza de un hombre. Es un tarado. La mujer tuvo que quedarse en la caverna a dar a luz y a saber qué le estaba pasando a ese ser. Para eso tiene que agilizar su inteligencia, para acompañar a un niño que no habla y entenderlo. Por eso les pasan 10 mil cosas y lloran, y nosotros no entendemos. ¡Es imposible!

-¿Fantaseás con volver a ser papá?

-Lo pienso… No, tengo en la cabeza que no. Me han dejado muchas mujeres a raíz de eso de que no he querido volver a tener familia. Hay un porcentaje de mujeres a las que no les interesa, pero la mayoría quiere pasar por esa experiencia. Y cuando sos más grande y ya la pasaste, te cuesta. Uno ya es casi un abuelo, tengo 53. Las mujeres que a uno le gustan son más jóvenes y ellas quieren tener hijos, ja, ja, ja. Es complicado.

"No siento que el éxito me haya cambiado. La fama es una cosa que asusta, pero uno precisa de la gente del otro lado que confirme para su vanidad y ego".

-¿Te ayudó la televisión con las mujeres?

-Y sí, facilita, corta caminos. Pero no sé, las cosas suceden. Uno tiene más adeptos.

-Estuviste casado dos veces, ¿sos un fervoroso defensor de la institución del matrimonio o un arrepentido?

-No, no, soy hombre… No lo decidí yo. La mujer es la que quiere casarse y tener hijos. Uno se embarca y no sabe. Sabe que va a ser bueno para el matrimonio tener un hijo, y piensa en el nido. Al hombre no le interesa, a la mayoría, y tampoco le interesa casarse. Fueron pedidos de ellas y me parecía lo mismo. El hombre es así, está todo bien y a ellas les hace feliz. Es algo lindo y generoso, y nace de ahí, por esa diferencia emocional.

-¿Te casarías de nuevo?

-Uno tiene necesidades de amar, de querer y de creer. Hay momentos. Cuanto más grande, lo veo más lejano. Vivo solo y muy feliz. Creo que una de las cosas que destruyen el matrimonio es la convivencia. Lo que pasa es que culturalmente está construido así, la religión nos ordenó. No funciona, el matrimonio no funciona. Lo que está bueno es amar a alguien y darle todo y que te dé todo lo que precises en esa etapa de tu vida. Por el tiempo que sea. Uno evoluciona, uno cambia. Culturalmente nos enseñaron a no cambiar, que hay que sellar eso que uno dijo de por vida. Y el tipo sufre y ella sufre porque ya cambió, porque les gustan otras cosas. Y la mujer cambia más rápido porque es más inteligente y emocionalmente necesita otras cosas. Y no se separan por los hijos, o porque se acostumbraron, o porque son amigos. Y el deseo desapareció. Entonces uno cuando es grande conoce un montón de cosas, conoce de dolores, de placeres, de satisfacciones. Qué cosas no hay que volver a hacer, entonces es eso, la experiencia. La convivencia es una cagada, destruye, desfigura a la persona. De un día para otro, estás a la semejanza de otro.

- ¿Esta postura se volvió un obstáculo esto para formar pareja?

- Eh… sí, pero no… No sé, es tan fuerte lo que uno ha vivido y lo que ha sufrido con todo eso, que tiene claro que no va a volverse a quemar. Puede ser, y si en algún momento vuelvo a convivir con alguien, es porque tengo la necesidad. Tener una mujer al lado todos los días. Pero ya lo viví y me parece espantoso. No creo que pase, no tengo ganas.

-¿Hay algún recuerdo de tu vida que te haya marcado?

-Siempre tengo recuerdos. En la parte artística, he superado lo que yo soñaba. Los recuerdos siempre son emocionales. Uno se queda con las cosas que realmente lo han tocado. Y siempre están recostados en la música, siempre me dejo llevar para ese lado. Me vuelco a la música y me da mucho placer que sea así. La música es algo superior, rarísimo. Nos emociona y nos comunica. Es una suerte que lo viva así, ahí reposan mis recuerdos.

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