El emotivo final de Perdidos en la Ciudad: cómo siguen los amores - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

El emotivo final de Perdidos en la Ciudad: cómo siguen los amores

Los Mentawai, Hamer y Himba concluyeron su aventura en Buenos Aires y regresaron a Indonesia, Etiopía y Namibia respectivamente. Y los romances tuvieron su desenlace. ¡Dale play!

El capítulo 14 de perdido Perdidos en la ciudad, El reencuentro, marcó  el emotivo cierre del docurreality de Telefe que que se inició la temporada pasada en Perdidos en la tribu. Esta vez fueron las exóticas familias de oriundas de Indonesia, Etiopía y Namibia quienes tuvieron la atrapante experiencia de convivir en Argentina. Así,  los miembros de los clanes Mentawai, Hamer y Himba desgarraron los corazones de las familias Funes, Moreno y Villoslada, ya que muchos amores quedaron latentes.

La localidad de Beccar, costera, permitió que los Moreno realizaran un cálido almuerzo junto al río, espacio en el que los Hamer vivieron intensos momentos de alegría y aprendizaje. Claro que con un paisaje tan mágico y romántico Aike y Agustina se tomaron el tiempo para saludarse y expresar su profundo amor. Pero la propuesta de Aike, de que Agustina se mude a Etiopía no pudo ser, ella no quizo cambiar su vida.

Shada y Nicole, también enamoradísimos, coincidieron en que los sentimientos que los unen son más fuertes que la distancia, por lo que con un sentido beso se prometieron un pronto reencuentro.

Como buenos anfitriones, los Funes agasajaron a los Mentawai con un delicioso asado, y entre promesas de mantener los vínculos, hicieron extensiva a la invitación a la gran comida a los amigos que los acompañaron durante la travesía por Buenos Aires. Es una despedida en la que los momentos de pura alegría se intercalan con abrazos, testimonios conmovedores y lágrimas de emoción..

Por su parte, los Villoslada organizan una gran fiesta, en la que una sorpresa deja boquiabiertos a los Himba. Karinamúa, Laura y Rubén intentan no quebrarse, mientras Vezepaume y Brenda hablan a corazón abierto, en una charla íntima y disparatada, como cuando nació el flechazo. Namibia siempre estará cerca para Laura.

Lágrimas, risas, abrazos, alegrías, tristezas, pero sobre todo, un afecto fraterno que atravesó las barreras culturales. El adiós fue en realidad un hasta luego y en realidad festejaron haber podido conocerse. Un rasgo muy humano, más allá de la azarosa tierra donde hayan nacido los protagonistas, que pasaron de ser seis clanes para convertirse en tres grandes familias.

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