Lo que nadie te contó de la separación de Carmen Barbieri - Ciudad Magazine Pasar al contenido principal

Lo que nadie te contó de la separación de Carmen Barbieri

La capocómica y Santiago Bal están al borde de la separación definitiva tras 25 años de relación. En una charla sin divismos, Carmen me confesó la dura intimidad de este momento. Los detalles.

Tras 25 años de pareja, pasan la peor crisis: ¿se acabó el amor? (Foto: Web)

Tras 25 años, la historia de amor de Santiago Bal y Carmen Barbieri pasa por su peor momento. El 28 de mayo, Carmen me visitó en BDV (por Magazine) como tantas otras veces, pero no fue una entrevista más. Cuando terminó el programa, me quedé 45 minutos charlando a solas con ella y me contó lo mal que la estaba pasando. En una conversación sin testigos, con las luces apagadas de un estudio de televisión y sin ningún tipo de poses, Barbieri me abrió su corazón.

Esa tarde, casi tres meses atrás, me contó en confidencia: “Estoy separada de Santiago y tengo ataques de pánico”. Quedé estupefacto con la “bomba” periodística, pero preferí callarla. En ese momento, me saqué el “traje” de periodista de espectáculos y me dispuse a escuchar la historia de una mujer quebrada. No era la Carmen mediática, sino una mujer devastada.

En el medio de la discusión matrimonial, Santiago Bal lanzó: “Si se levantan los cuadros de Ayelén Paleo, me llevó el libro de Barbierísima”.

Esta pareja de artistas (Barbieri-Bal) se conoció en la obra Mesa de noticias, lo que no se ve en TV. El inicio de la relación fue polémico, ya que otros amores quedaron en el camino y la familia de la joven vedette se resistía al affaire. Un cuarto de siglo después, ya con un hijo en el medio, retornó el escándalo... y la infidelidad. Esta vez con otra vedette, aún más joven que la Carmen del '86. Bal tiene 75 años, mientras que la bailarina señalada como “tercera en discordia” tiene apenas 21, más del doble de diferencia de edad de aquél entonces.

La gota que hizo estallar este vaso recargado fue, dijimos, Ayelén Paleo. Una bailarina de tango que comparte desde enero un breve numerito con Santiago en el escenario de Bravísima. Carmen descubrió mensajes de texto, mails y hasta onerosos regalos (se habla de 30 mil dólares) que el ex galán le habría hecho a la joven. En el medio de la discusión matrimonial, Bal lanzó: “Si se levantan los cuadros de Ayelén, me llevó el libro de Barbierísima”. Luego, el director claudicó y le habría confesado a la prensa que su mujer lo había echado del hogar. Todo esto mientras Carmen estaba internada, con un pico de estrés y presión alta, lo que lo vuelve poco probable.

Paleo, en tanto, llamó a Barbieri gritando: “Yo no me acuesto con ese viejo, puede ser mi abuelo; él está enamorado de mí, pero yo no de él”. Poco creíble también. Javier Faroni, productor de la revista, se reunirá esta tarde con ambos y se definirá si Santiago sigue en la compañía. Si lo separan del elenco, ya hay tres nombres de primerísima línea para reemplazarlo en su dirección artística: Antonio Gasalla (para los monólogos), Carlos Olivieri (para los sketches) y Ricky Pashkus (para los musicales). Pero sin dudas, el cambio más difícil para la “vedettísima” será encontrar un nuevo compañero de vida.

Barbieri me contó que la muerte de Rolo Puente había afectado muchísimo a Santiago: "No entraba en sí, no paraba de hablarle al cuerpo muerto de Rolo".

Aquella tarde de mayo, Barbieri me contó también que la muerte de Rolo Puente había afectado muchísimo a su marido. “Ese día se puso un traje nuevo y fuimos al Sanatorio Güemes a despedirnos. No entraba en sí, le hablaba al cuerpo muerto de Rolo, no paraba de hablarle. Era su último amigo, habían compartido los últimos 50 años juntos”, destacó. Este hecho le habría recordado a Bal lo finita que es la vida y, tal vez, fue otro de los desencadenantes de esta relación con Paleo.

En aquella (ya lejana) charla, Carmen (la mujer que sufre de verdad) me confesó que no se imaginaba empezando de nuevo a los cincuenta y pico: “Ya no quiero más hombres, para mí el amor se terminó acá”, me decía entre lágrimas. Pero la frase que más me conmovió, en una extensa ola de intimidades, fue otra: “Me tengo que tratar de los ataques de pánico, estoy tan mal que mi hijo Federico me tiene que ayudar a cruzar la calle porque no me animo sola”. Desde ese día, supe que esta crisis no era parte de una de las tantas comedias que protagonizaron, sino tal vez el final de un rubro exitoso que podría terminar en tragedia.

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